La libertad de ser devorados
Aquí yace una paradoja cruel que azota el Caribe: imaginemos por un momento a un pueblo sometido a una austeridad perpetua, cuya infraestructura se desmorona y cuya juventud huye en masa, pero que al preguntársele la causa de su mal, solo atina a encogerse de hombros o a murmurar vagas acusaciones sobre la corrupción local. ¿No es acaso curioso que la ideología que rige cada respiración de la vida puertorriqueña contemporánea carezca de nombre en la discusión pública diaria? Hablamos de la Junta, de LUMA, de la deuda, del huracán. Pero rara vez nombramos a la arquitectura invisible que conecta todos estos puntos: el neoliberalismo. ¿Saben realmente lo que es? ¿O hemos aceptado su presencia como aceptamos la humedad del trópico, como una ley biológica ineludible en lugar de una construcción política diseñada? Su anonimato en Puerto Rico no es un accidente; es su mecanismo de defensa más formidable. Nos permite ver el cierre de cientos de escuelas, el colapso del sistema de salud y la ...