La Historiografía Crítica en la Post-Utopía: Un Debate sobre la Causalidad, la Agencia y el Pensamiento Fuerte

I. De la Memoria del Poder a la Crítica Estructural

La historiografía, mas que una ciencia neutra, representa una operación profundamente política. Desde sus orígenes, el relato histórico constituye una "memoria del poder,"¹ cuyo fin primordial es la sanción del presente mediante la recuperación selectiva del pasado. Este uso pragmático y contingente del relato (Florescano, 1997), si bien es un instrumento de dominación para las élites, también funciona como "hilo afirmador de identidad" para los oprimidos, evidenciando que la historia es, en esencia, una disputa por la legitimación.²

La búsqueda de un estatuto científico se concretó con el positivismo de Leopold von Ranke, que intentó "mostrar lo que realmente ha sucedido,"³ mediante el escrutinio severo de los documentos. Sin embargo, la promesa de objetividad pura se disolvió en la "acumulación de datos empíricos" de sus seguidores,⁴ revelando una ingenua ilusión de inmediatez documental.

La crítica fundamental a esta tradición provino del historicismo alemán y, posteriormente, del materialismo histórico. Juan José Carreras Ares, influido por la tradición alemana y el marxismo, analizó el historicismo como una ideología al servicio del Estado, que, al enfatizar la "individualidad irrepetible e incomparable de las situaciones históricas,"⁵ legitimó el statu quo político. La incapacidad del historicismo para resolver la relación entre lo singular y lo universal condujo a que el "famoso comprender se cambie fácilmente en un todo justificar,"⁶ revelando el sesgo ideológico inherente a las categorías no examinadas.

II. Marx, los Annales y la Totalidad Dinámica

La metateoría marxista constituyó la ruptura más significativa, al forzar a la disciplina a concebir lo histórico como una totalidad dinámica. Karl Marx no solo transformó la teoría económica en "análisis histórico," sino que postuló que la realidad histórica es inteligible y susceptible de ser explicada científicamente a través de la teoría (Florescano, 1997). El concepto central, el modo de producción, se estableció como un instrumento teórico para captar la realidad social en su conjunto.⁷

El fracaso de la historiografía convencional en asimilar esta lección llevó a la fragmentación de las ciencias sociales. Fue la Escuela de los Annales (Bloch, Febvre) la que emprendió el combate para recuperar la "totalidad de lo histórico,"⁸ promoviendo una relación orgánica con las ciencias sociales. Los annalistes enriquecieron el análisis con el estudio de los tiempos largos y las estructuras (Florescano, 1997), y demostraron que la "problemática es la que hace nacer las fuentes prácticamente inagotables" (Nora, 2011).⁹ Sin embargo, este ambicioso proyecto de la "historia total" fue criticado por su "ausencia de teoría" y por su tendencia a caer en el análisis fragmentado, a pesar de sus vastas conquistas (Revel, 1979).

III. La Querella Marxista: Estructura vs. Agencia

La tensión dialéctica más aguda del siglo XX se cristalizó en el debate entre el estructuralismo antihumanista de Louis Althusser y el marxismo culturalista de E. P. Thompson.

El Determinismo Estructural: Louis Althusser concibió la historia como un "proceso sin sujeto," minimizando la "acción intencional de los actores sociales."¹⁰ Carreras Ares explicaba la visión althusseriana del Modo de Producción (MP) mediante una analogía lingüística: el MP es la "gramática" de la historia, una construcción teórica cuya verdad reside solo en su coherencia lógica interna, inmutable ante la "empiria histórica,"¹¹ la cual es relegada a la "praxis ideológica" o el "azar."¹² En este esquema, la única "ciencia" reside en la consistencia de los objetos teóricos, despojando al análisis histórico de su capacidad crítica sobre la sociedad.

La Agencia Consciente: La aparición de Miseria de la Teoría de E. P. Thompson fue una respuesta "furibunda" al antihumanismo de Althusser, que era percibido como una "amenaza a su autonomía y a su capital específico" como historiadores.¹³ Thompson defendió el empirismo crítico y la experiencia como elementos fundacionales, pues la clase social se constituye cuando los obreros "se ven en las tabernas y planean una huelga" (Juliá, 1984).¹⁴ Carreras, si bien apoyaba la recuperación del sujeto, advertía que la insistencia thompsoniana en la cultura popular sin estructura podía degenerar en un "populismo sentimental" o "folklorismo."¹⁵

La solución, según Carreras, no se halla en la síntesis predeterminada, sino en asumir la contradicción: el desafío del materialismo histórico es establecer la "jerarquía y un rango a la múltiple determinación"¹⁶ de lo concreto, articulando la determinación estructural con la acción intencional.

IV. La Crisis del Relato y el Pensamiento Fuerte

El declive de los grandes paradigmas estructurales (pos-1989), dio paso a una fase de profundo escepticismo, el cual se agudizó con el giro lingüístico (linguistic turn) (Aurell, 2004)¹⁷ y el auge de las narrativas posmodernas.

Carreras Ares diagnosticó esta situación como la apoteosis de la deconstrucción, que, convertida en "forma hegemónica de la posmodernidad,"¹⁸ amenaza las "ilusiones científicas acumuladas durante generaciones," como el principio de realidad y la confianza en las fuentes.¹⁹ El riesgo es la transformación del texto histórico en pura "textualidad," ante lo cual, Carreras concluía, "el historiador en este momento se ha quedado sin trabajo."²⁰ Esto es una crítica lúcida al relativismo que confunde "la realidad de la representación con la representación de la realidad."²¹

Florescano, por su parte, identificaba en el retorno de la narrativa una corriente "desencantada" que, al rechazar los determinismos, proponía una investigación dirigida por la "curiosidad, sin estorbos metodológicos ni preocupaciones explicativas,"²² enfocada en revivir emotivamente el pasado. Esta regresión metodológica pone en riesgo la capacidad de la historia para un "análisis crítico de la sociedad."²³

El campo de batalla contemporáneo se centra en la tensión entre la Historia (disciplinada, crítica, verificable) y la Memoria (subjetiva, emocional, identitaria), la cual alimenta los "revisionismos históricos."²⁴

Frente a la hegemonía del "pensamiento débil," Carreras postuló que el historiador tiene la obligación ética de enarbolar el materialismo histórico como un "pensamiento fuerte"²⁵ y un instrumento de crítica, con el fin de evitar que la disciplina pierda su potencial de conciencia crítica en la era de la globalización.

Notas

 •Enrique Florescano, La Historia y el historiador (México: Fondo de Cultura Económica, 1997), 10.

 •Ibid., 12.

 •Ibid., 23.

 •Ibid., 33.

 •Juan José Carreras Ares, El Historiador y sus públicos, eds. Ignacio Peiró Martín y Miquel À. Marín Gelabert (Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 2021), 531.

 •Ibid., 533.

 •Florescano, La Historia y el historiador, 25.

 •Ibid., 28.

 •Pierre Nora, citado en Marta Bronislawa Duda, "Una historia en constante renovación: La escuela de los Annales," Cuyo. Anuario de Filosofía Argentina y Americana 28 (2011): 278.

 •Sergio Estrella, "El contrapunto de la postura teórica de Thompson no podía ser mayor," Revista Historia y Grafía 19, no. 38 (2012): 170.

 •Carreras Ares, El Historiador y sus públicos, 360.

 •Ibid., 358.

 •Estrella, "El contrapunto de la postura teórica de Thompson," 170.

 •Santos Juliá, citado en Carreras Ares, "La concepción de la historia en Marx," en El marxismo en España, ed. Gian Mario Bravo et al. (Madrid: Fundación de Investigaciones Marxistas, 1984), 401.

 •Carreras Ares, El Historiador y sus públicos, 355.

 •Carreras Ares, "La concepción de la historia en Marx," 405.

 •Ignacio Aurell, "Los efectos del giro lingüístico en la historiografía reciente," RILCE 20, no. 1 (2004): 5.

 •Carreras Ares, El Historiador y sus públicos, 93.

 •Ibid.

 *•Ibid.

 •Juan José Carreras Ares, "El Castillo de Barba Azul," en El Historiador y sus públicos, eds. Ignacio Peiró Martín y Miquel À. Marín Gelabert (Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 2021), 238.

 •Florescano, La Historia y el historiador, 34.

 •Ibid., 31.

 •Peiró y Marín Gelabert, "Presentación: Juan José Carreras: el historiador y sus públicos," en El Historiador y sus públicos, 12.

 •Carreras Ares, El Historiador y sus públicos, 95.


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