Sobre la Dialéctica de la Supervivencia en el Estado Postcolonial Contemporáneo: Una Exégesis de la Condición Puertorriqueña a la Luz del Testimonio de una Ciudadana
El testimonio plasmado por la ciudadana Sumayah Soler en la plataforma Facebook el 29 de octubre de 2025, aparentemente una constatación numérica de la precariedad económica, se revela en un análisis más profundo como un síntoma patognomónico de una crisis ontológica.
Su factura de luz, ese documento prosaico de la vida moderna, se transfigura aquí en una metáfora poderosa y un documento social de primer orden que cifra la asimetría estructural definitoria de la existencia en el Puerto Rico actual. Los guarismos irrisorios que expone, $73 de consumo frente a $255 en cargos, no son la expresión de datos contables. Representan la expresión aritmética de una relación dialéctica perversa entre el valor creado por el trabajo concreto del ciudadano y la plusvalía abstracta, opresiva y parasitaria, extraída por un aparato burocrático-financiero desvinculado de toda noción de servicio público.
Esta disparidad cuantitativa, tan elocuentemente denunciada por Soler, es el epifenómeno de una enajenación multifacética. El sujeto contemporáneo puertorriqueño, tal como ella narra, se ve impelido a una hybris laboral ("hasta tres trabajos") que, lejos de conducir a la acumulación o incluso a la estabilidad, se diluye en la subsistencia rayando en lo abyecto. Se instaura así lo que podríamos denominar la "dialéctica de la miseria productiva": el trabajo, en lugar de ser el medium de la autorrealización humana (como en la tradición hegeliano-marxista), deviene un suplicio sisifeo cuya roca rueda perpetuamente cuesta abajo, negando cualquier teleología de progreso. La culpa que Soler asociada al consumo de un café no es sino la internalización psíquica de esta lógica macabra, donde el placer mínimo, el pequeño ritual de humanidad, es criminalizado por un sistema que exige una austeridad sobrehumana.
La vida, en su relato, se reduce a una serie continua de "parchos" y "mecanismos de supervivencia". El "parcho" en la goma del automóvil es más que una solución pragmática; es un símbolo de la precariedad total, de la imposibilidad de proyectar un futuro más allá de la solución inmediata y degradante. Es la materialización de lo que el filósofo Byung-Chul Han identificaría como la violencia de la positividad: el sistema no oprime mediante una prohibición explícita, sino saturando la vida con exigencias de auto-optimización y resiliencia que llevan al sujeto al borde del colapso psíquico.
Los "lavados mentales diarios" a los que alude Soler son los rituales psíquicos necesarios para no "sucumbir a la locura", una lucha constante por mantener la cordura en un entorno que sistemáticamente la socava.
En este panorama descrito en su post, el Estado, lejos de representar el garante del bien común (la res publica), aparece como un Leviatán disfuncional y despilfarrador. Su fracaso en proveer lo básico, contrastado con la opulencia de sus "contratos innecesarios" que ella señala, evidencia lo que Giorgio Agamben conceptualizaría como la vida desnuda (zoe): una población reducida al residuo de la existencia biológica, abandonada por el poder que debería protegerla, mientras una élite política y económica opera en la esfera de la vida calificada (bios).
La mención a los dependientes de "la tarjeta de la familia" subraya este abismo: la indigencia no es una falla accidental del sistema, mas bien un resultado estructural de un modelo de gobernanza que ha renunciado a su función social.
Escuchamos el grito desgarrador de "Puerto Rico está invivible" que Sumayah Soler lanza en el ágora digital, que trasciende la queja circunstancial para convertirse en un diagnóstico filosófico de primer orden. Denuncia una realidad donde la vida ha dejado de ser vivida para ser pujada, sobrevivida.
Su testimonio personal es la manifestación de una crisis de la polis en su sentido más originario: el espacio donde la vida debería florecer se ha transformado en un campo de batalla donde el ciudadano, exhausto y alienado, libra una guerra diaria por conservar no su dignidad (esa ya es un lujo inalcanzable), sino su propia cordura frente a la locura sistémica de un orden que ha hecho de la vida una carga insoportable. Su axioma final, "Así no se puede", constituye la interrogante fundamental sobre los límites de la legitimidad de un orden político y económico que ha fracasado en su promesa fundamental de hacer la vida, simplemente vivible.
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