La Perversidad como Doctrina: El Trumpismo y la Fatiga del Imperio Neoliberal

Desde la atalaya de la historia, la presidencia de Donald J. Trump representa una interrupción en la secuencia de la historia estadounidense y una elocuente demostración de perversidad política ("folly"). Ese patrón recurrente donde los gobernantes persiguen activamente una línea de acción contraria al propio interés de su Estado, a pesar de la existencia de alternativas claras y viables. Tomando la advertencia de Barbara W. Tuchman, observamos cómo una élite decide, por testarudez ideológica o codicia inmediata, forzar el caballo de madera dentro de los muros, ignorando la voz de la razón. Esta administración no fue un accidente, sino la revelación cruda del esqueleto del imperio neoliberal que Eric Hobsbawm y Noam Chomsky han diseccionado durante décadas.

La Traición al Contrato Doméstico

En el plano interno, el giro socioeconómico de la administración Trump fue menos un proyecto de gobierno que un ejercicio de saqueo fiscal. La reducción impositiva de 2017 y la desregulación ambiental y financiera masiva no buscaron impulsar un mercado vigoroso, sino trasladar patrimonio público y riquezas sociales directamente a las cámaras de las élites corporativas y financieras. Esta fue una de las transferencias de capital más flagrantes en la historia reciente, ejecutada bajo el pretexto de un nacionalismo económico.

Esta política de empobrecimiento deliberado de la esfera pública se cimentó, como bien entendió Chomsky, en un eficaz proceso de desvío de la atención. La rabia generada por cuarenta años de precariedad salarial y desindustrialización se redirigió, no hacia las palancas del capital, sino hacia chivos expiatorios culturales y migrantes. El arte de gobernar se redujo a esta transacción: plunder economic for cultural grievance. La miopía era doble: se dañó el tejido social y se erosionaron las instituciones democráticas que, históricamente, habían servido para modular el capitalismo y asegurar la estabilidad a largo plazo del sistema. ¿Acaso creyeron sinceramente que la desposesión interna no engendraría una inestabilidad que les rebasaría?

Hubris Imperial y la Desazón Global

En política exterior, el abandono de los acuerdos multilaterales y el uso del arancel como arma predilecta no fue un repliegue aislacionista, sino una peligrosa mutación del unilateralismo imperial. Trump desechó la estrategia sutil de cooptación hegemónica post-Guerra Fría (el soft power del liderazgo global) en favor de la extorsión transaccional directa, siguiendo una lógica de suma cero.

Este actuar evoca la necedad de los Papas del Renacimiento que, absortos en la búsqueda de poder personal y nepotismo, actuaron de tal manera que provocaron la secesión protestante, causando un daño existencial a la Iglesia que decían defender. De manera similar, al desmantelar alianzas y repudiar tratados internacionales, la administración Trump sacrificó la hegemonía blanda que sostenía el orden global estadounidense en aras de ganancias políticas inmediatas o ideológicas. Esta arrogancia del poder aceleró el declive relativo de la influencia de Washington, abriendo sin quererlo el camino para que potencias rivales llenaran el vacío. Se eligió la vía de la confrontación sin la red de seguridad de los aliados; la política contraria al interés estratégico.

Puerto Rico: El Laboratorio Neocolonial del Desastre

El caso de Puerto Rico, territorio colonial no incorporado, es la estampa más vívida de cómo el neoliberalismo de la administración Trump se funde con la indiferencia imperial. La respuesta indolente y tardía tras el Huracán María en 2017 desnudó la persistente lógica de la propiedad sobre la lógica de la ciudadanía.

Sin embargo, el mecanismo más devastador es la Junta de Control Fiscal (JCF), impuesta por la Ley PROMESA. Este cuerpo de tecnócratas no electos, con poderes plenipotenciarios para desmantelar servicios públicos, reducir pensiones y privatizar activos, es la quintaesencia del neocolonialismo de la deuda. Bajo el mandato de la JCF y la mirada complaciente de Washington, el territorio se ha convertido en un laboratorio de austeridad extrema, donde los intereses de los bonistas son sagrados y el bienestar social una variable prescindible. El caso de Puerto Rico refleja la insistencia británica del siglo XVIII de "afirmar un derecho que sabéis que no se puede ejercer": la metrópoli ejerce control total sin asumir la responsabilidad de proteger a los ciudadanos en igualdad de condiciones.

¿Qué clase de imperio escoge, de forma consistente, maximizar el sufrimiento en sus propios territorios por un dogma fiscal insostenible?

La administración Trump es fundamentalmente, la consumación de una fatiga imperial que optó por la perversidad como doctrina. El historiador no solo registra los hechos, sino la cualidad de las decisiones humanas. Vimos la elección consciente de la codicia sobre la cohesión, de la extorsión sobre la alianza. La pregunta final, heredada de esta era turbulenta, ya no es si el imperio caerá, sino si el coste de esta marcha de la locura será una herida de muerte autoinfligida y qué nuevas y despiadadas arquitecturas de poder surgirán de sus ruinas.


Comments

Popular posts from this blog

La Deconstrucción Simbólica de la Memoria Nacional: Una Crítica desde el Patrimonio y la Ética Cívica

El Altar de lo Abstracto: De Sartre y Camus a la Hoguera Digital

La Ontología de la Inercia: Una Cartografía Crítica de la Mediocridad desde la Nivelación del Das Man