El poder de los “Cicerones” modernos en la administración pública de Puerto Rico
El poder de los “Cicerones” modernos en la administración pública de Puerto Rico
Escrito por: Prof. Ricardo R. Laracuente Dides
14 de octubre de 2025
En los últimos años, la administración pública ha sido testigo de una preocupante tendencia y esa es la concentración del poder en manos de ciertos directores o secretarios que, durante su mandato de cuatro años, actúan con la autoridad de un Cicerón moderno, pero sin la sabiduría ni la prudencia que el cargo exige. Estas figuras, amparadas bajo el paraguas de los puestos de confianza, han utilizado su poder no para fortalecer las instituciones, sino para deshacer el trabajo de personas cualificadas, sustituyéndolas por allegados carentes de las competencias necesarias.
El problema no radica únicamente en la discrecionalidad del nombramiento, sino en la falta de madurez institucional y ética con que muchos de estos funcionarios ejercen su autoridad. Los méritos académicos, la experiencia y la trayectoria profesional fundamentales en toda estructura gubernamental eficiente quedan relegados ante el favoritismo político o personal.
Son muchos los que se esmeran en obtener credenciales, grados y preparación para servir con excelencia, pero el “Cicerón boricua” del poder los elimina de su camino, recordándoles quién manda y no quién piensa o analiza mejor. Esa mentalidad autoritaria, disfrazada de liderazgo, perpetúa una cultura de mediocridad y sumisión que destruye el verdadero propósito del servicio público: servir al pueblo, no a los intereses particulares o partidistas.
Mientras tanto, aquellos sin las cualificaciones pertinentes son elevados a posiciones para las que no están preparados, debilitando la confianza ciudadana y comprometiendo la calidad del trabajo institucional. Se confunde lealtad política con capacidad técnica, y autoridad con imposición. El resultado es un aparato gubernamental frágil, sometido a los caprichos de quienes administran los recursos del Estado como si se tratara de un feudo personal.
La madurez para dirigir una institución pública no se mide por el título que se ostenta, sino por la prudencia, el respeto a la meritocracia y la conciencia del deber hacia el pueblo al que se sirve. Si los puestos de confianza se convierten en herramientas para premiar amistades o castigar disidencias, el país seguirá atrapado en un ciclo de improvisación y mediocridad administrativa.
Puerto Rico necesita servidores públicos con visión, integridad y respeto por la institucionalidad, no “Cicerones” de ocasión que, durante cuatro años, utilicen su retórica y poder para deshacer lo que otros, con mérito y sacrificio, han construido.
“Los humildes serán primero” Don Luis A. Ferré
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